Cuando se tiene una familia, grande o pequeña, es inevitable pensar en los egresos, sobre todo, el gasto familiar en navidad. Para la mayoría de las cabezas de hogares, es una auténtica proeza consolidar la manutención de los hijos, el pago de los servicios, el arrendamiento o cuota de un préstamo hipotecario (si es del caso; también influye, claro, si se tiene casa propia), cancelar alimento y salud y, si queda algo en los bolsillos, los regalos.
El salario promedio en España a finales de 2008 está por el orden de los 1500 euros mensuales (contando que una persona en la familia tenga un empleo estable); es imperante generar una cultura ahorrativa basada no en la abstinencia de los bienes habituales, sino en el rendimiento de las entradas. Pero en la Navidad, cuando parece que casi nada está a favor del economizar, siempre existe el peligro de dejarse tentar constantemente por los gastos superfluos.
En cuanto al consumo, la cultura española se caracteriza por desmedirse en la adquisición de artículos suntuosos. Hace unos años, los estratos sociales de menos captación monetaria se han adscrito con fervorosa inquietud en invertir para aparentar. Para el mes de Diciembre, los móviles más recientes, las ropas más extravagantes, los planes de marcha más elaborados, todo aquello que contribuya a una sensación de derroche, va a tono con el ánimo festivo de la época.
Sensación que no se va del todo, aún teniendo una familia de por medio. Definitivamente el equilibrio financiero no forma parte de la tradición nacional, pero acontecimientos como la crisis económica mundial pueden generar un cambio radical en las formas de adquirir. Un progresivo cambio de visión en este sentido en la época navideña contribuye, incluso, a la mejor conservación del planeta.
Recomendaciones tan elementales como adquirir adornos económicos, evitar los juguetes caros que tienen una gran cantidad de accesorios, evitar gastar más de lo que se gana en las salidas a comer o ir a cine por ejemplo, moderar el uso de elementos decorativos como las luces y/o objetos con movimientos y sonidos, pueden resultar tan fáciles de aplicar con el fin de que las familias españolas en las últimas semanas del año, sin importar la cantidad que en conjunto ganen, mantengan los gastos equilibrados.
España es, tal vez, el país de Europa donde la comida puede encontrarse en una mejor calidad, de forma natural. Semejante privilegio hace del español uno de los pueblos más celosos, exclusivamente, en cuanto al consumo alimenticio. El jamón, el conejo, los solomillos de pavo, la natilla, están siempre en su punto álgido de consumo en Navidad a precios muy asequibles, y ello tal vez ha contribuido al excesivo materialismo en el que la canasta familiar se ve envuelta. Es posible una revaluación en la inversión, haciendo que la verdadera calidad de vida mejore y, por supuesto, se disfruten de unas felices fiestas.
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